Entre tiempos revueltos | Dra. Consuelo Rollán |
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Entre tiempos revueltos

Vivimos entre una pandemia persistente y una situación de crisis agudizada por las consecuencias de una guerra que nos toca globalmente.  Ahora todo se convierte en global del mismo modo que una noticia corre a velocidad de la luz en las redes sociales.

Entretanto, asistimos a infinidad de eventos, cotidianos la mayoría, y extraordinarios algunos.  Este fin de semana veía en las noticias multitud de personas en celebraciones masivas de  diversa índole: conciertos, ferias, competiciones, playas, etc. El denominador común era la risa, el disfrute, unas veces desatado con saltos y gritos, cantos entusiasmados más o menos desafinados de personas celebrando, después de una larga espera, la salida al escenario de su grupo favorito, o el triunfo de su equipo rodeado de seguidores desaforados que agitan la insignia que les identifica como si de una señal del cielo se tratara. Trajes de volantes agitados por movimientos salerosos asegurando que la cadera no se ha oxidado por la falta de práctica.

Entusiasmo, disfrute, cercanía, necesidades aplacadas que han salido a la luz con más fuerza si cabe de lo habitual. Hay ganas de hacer en compañía de otros, casi piel con piel en muchos casos, el aliento cerca olvidando los avatares pasados, el efecto rebaño es algo que atrae a las personas como una especie de imán colectivo, apiñando humanos con una misma dirección y propósito.

Por otro lado, hay quienes se alejan del bullicio para disfrutar de otro modo, ajenos a las costumbres y rituales, buscan paz y sosiego en el silencio y la quietud. También es disfrute. Ovejas peculiares que van a su aire en busca de otra manera de estar, compartir en pequeño grupo o bien en soledad, para mirarse y reconocerse en el horizonte de una puesta de sol o en la cima de una montaña, con el anhelo de descanso de los excesos de ruido cotidiano.

El cambio de escenario ayuda a desconectar, es descanso en sí mismo, sensorial, emocional.

Después la vuelta, la resaca, el cansancio físico camuflado en la diversión pasada y hasta la próxima, que el verano está a la vuelta de la esquina. Con el ánimo puesto en la espera de lo que vendrá encarando la rutina desde nuestra condición de Homo laboris. Así, solventamos un tipo de estrés y construimos porciones de nuestro sentido de la vida.

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